miércoles, 6 de junio de 2012

De la agricultura a la agroecología



Transición hacia la Agricultura de Base Agroecológica
(Ensayo)
 
 
 JOSÉ ANTONIO RANGEL
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Abril 2012





     En los actuales momentos la biodiversidad se encuentra amenazada por una serie de procesos que se han estado desencadenando desde la aparición del hombre (y mujer) y su evolución en su forma de vida. Estos cambios incluyen obviamente las prácticas de labrar la tierra con el sólo fin de obtener alimentos para subsistir. Esta  actitud del ser humano  y su incidencia en la alteración de la agro biodiversidad puede ser medible mediante un indicador llamado  “huella ecológica”; mientras mayor es la acción del ser humano en su entorno, mayor será la huella ecológica. En este sentido, debemos reconocer  la incidencia negativa de la agricultura convencional  en los cambios que se están generando a nivel global.  

     Debemos considerar a la agricultura como una estrategia amigable para el manejo de organismos vivos, adaptados y adaptables, autóctonos o introducidos sensibles y dependientes de un entorno natural, siendo parte esencial del mismo. El ver el agroecosistema de manera holística, nos permite entender que mediante las relaciones inter e intra específicas que allí ocurran, se puede obtener  un equilibrio tal que los beneficios resultantes en la producción de biomasa y el flujo de energía generado son inevitables. Partiendo de esta idea,   podemos observar como los  bosques  proporcionan biomasa al caer las hojas y otros elementos forestales que se descomponen en el suelo, a la vez que los desechos orgánicos generados en  los cultivos son reincorporados por el ser humano al agrosistema. Esto sin duda permite un balance de nutrientes al poder utilizar intencionalmente  sub productos de un subsistema como insumo o materia prima para otro subsistema.

     A pesar  de conocer los beneficios que genera la comprensión del agroecosistema como un conjunto de elementos bióticos y abióticos donde se genera vida y no simplemente alimentos, la transición de una agricultura convencional a la agroecología es un proceso realmente cuesta arriba donde intereses económicos ejercen cada día mayor presión sobre los campesinos y peor aun, sobre decisiones de políticas de Estado. Sin embargo, en la medida que la “Revolución Verde” avanza demostrando cada vez más resultados ineficientes para combatir el hambre en el  planeta;  campesinos, organizaciones, colectivos, comunidades y profesionales se suman al ejercicio agroecológico, estableciéndolo como la única salida lógica, ecológica  y viable  en la detención de la problemática agroalimentaria y socio ambiental por la que estamos pasando.

     Una de las metodologías que ha dado resultado en la transición agroecológica es el diagnóstico participativo, también conocido como Investigación Acción Participativa, la cual se fundamenta en  el desarrollo de  estudios participativos, donde los afectados se convierten en los protagonistas en las acciones a ejercer para lograr un cambio en la realidad sobre las consecuencias, en este particular,  de la agricultura convencional y en la elaboración de propuestas y soluciones. Con el fin de detectar esas demandas reales relacionadas con el objeto de estudio y concretarlas en propuestas de acción ajustadas a necesidades sentidas, se desarrolla un proceso de investigación y promoción de prácticas y principios agroecológicos  que apuntan a la transformación del sector agrícola. El conocimiento de la realidad del campo y del campesino se construye progresivamente en un proceso participativo en el cual los actores implicados "tienen la palabra" y de este modo se crean las condiciones que facilitan espacios de reflexión, programación y acción social relacionados con los problemas que plantea la permanencia de la agricultura convencional como práctica agronómica. 
   
     El diagnóstico al ser participativo, le da un carácter social. El pueblo es el  protagonista ya que representa el papel principal en la toma de decisiones.  Uno de los rasgos distintivos de la agroecología en relación a las prácticas agrícolas convencionales es la vinculación del proceso productivo a la organización social. Esto conlleva al reconocimiento del conocimiento campesino y de las comunidades autóctonas (García Trujillo, 2000).   De manera tal que incorporar la Investigación Acción Participativa como metodología en la transición hacia la agricultura de base agroecológica no es más que reforzar y ejercer los valores de la agroecología.

     La incorporación del campesino en la toma de decisiones forma parte de los primeros pasos en la conversión del modelo productivo convencional hacia un nuevo modelo sustentable que permita entender el agroecosistema como un flujo de interacciones constantes.  Para Gliessman (2007), la metodología a seguir en una transición exitosa se puede resumir en cuatro niveles:
Nivel 1: Incrementar la eficiencia de prácticas convencionales para reducir el consumo y uso de insumos costosos, escasos o ambientalmente nocivos.
     Esta actividad, aunque parezca contradictoria va a permitir bajar los niveles de uso de agrotóxicos, lo que se traduce en menos impactos en el agroecosistema.

Nivel 2: Sustituir prácticas e insumos convencionales por prácticas alternativas sostenibles.
    Las prácticas consistirán en el cambio paulatino y sistemático de compuestos químicos por productos orgánicos tales como purines repelentes o biocontroladores necesarios para contra restar las posibles poblaciones de insectos potencialmente plagas.

Nivel 3: Rediseño del agroecosistema de forma tal que funcione sobre las bases de un nuevo conjunto de procesos ecológicos.
     El rediseño del agroecosistema debe contemplar la interacción de poblaciones intra e inter específicas. Enfatizar las interrelaciones entre sus componentes y la dinámica compleja de los procesos ecológicos (Vandermeer, 1995).

Nivel 4: Cambio de ética y de valores…una transición hace una cultura de sostenibilidad.
     La educación agroecológica vista desde sus tres dimensiones, económica, social y ambiental, juega un papel fundamental en la conducta de los individuos para la  Promoción y consolidación de   valores ecológicos ambientales.

     La problemática que ha venido presentando el modelo agrícola establecido radica en que solo  toma en consideración los factores productivos, la rentabilidad del predio y la relación beneficio costo, sin importar elementos vitales en estos procesos “bióticos” como la ecología, el ser humano y el ambiente.  No considera las necesidades de la población, manifiesta interés en la aplicación de nuevas tecnologías muchas veces inapropiada y altamente subsidiada. Así mismo, lo que se conoce como agro negocio ha permitido la manipulación de las tierras en manos de pocos, desviando los intereses agrícolas alimentarios hacia cadenas de comercialización agroindustriales.

      Sin embargo, gracias a estos desajustes socio ambientales, surge la agroecología demostrando que existe una forma mas armónica de producir alimentos, mitigando los efectos impactantes del ambiente. “Provee las bases ecológicas para la conservación de la biodiversidad en la agricultura, además del rol que ella puede jugar en el restablecimiento del balance ecológico de los agroecosistemas, de manera de alcanzar una producción sustentable” (Altieri y Nicholls, 2000). Es así, como a través del entendimiento de la biodiversidad y las interacciones que surgen entre los componentes que la integran, se pretende promover sinergismos que permitan el mantenimiento de las relaciones establecidas en el tiempo,  lo que muchos autores denominan sustentabilidad.

      La sustentabilidad puede ser definida como la capacidad  de un agroecosistema para mantener la producción a través del tiempo. Los sistemas convencionales han demostrado no ser sustentables por ciertas razones; degradación ambiental y agotamiento de la base de recursos de la que dependen las sociedades, inequidad en la distribución de los costos y beneficios del desarrollo económico y fuerte interdependencia entre los procesos económicos, sociales y ambientales en todos los niveles. Indiscutiblemente, son algunas de las características que avalan la no eficiencia del modelo agrícola productivo actual.

     Para determinar la sustentabilidad de un predio es necesario considerar siete aspectos:
1.- La productividad, la cual se refiere a la capacidad del agroecosistema para brindar bienes y servicios.
2.- La estabilidad, siendo ésta la propiedad del sistema de tener un estado de equilibrio dinámico; mantener los beneficios proporcionados por el sistema a lo largo del tiempo.
3.-  Resiliencia, o capacidad del agroecosistema de reponerse después de una intervención perturbadora.
4.- Confiabilidad, capacidad del sistema de mantener su productividad o beneficios cerca del equilibrio, ante perturbaciones normales del ambiente.
5.- Adaptabilidad, cómo el sistema puede encontrar nuevos niveles de equilibrio o seguir siendo productivo aun sufriendo cambios económicos o ambientales. 
6.- Equidad,  la cual permitirá distribuir de manera justa los beneficios relacionados con el manejo de los recursos naturales.
7.- Autogestión o regulación y control de las interacciones  con el exterior y con otros sistemas.

      Aunque estos indicadores permitan establecer la sustentabilidad del sistema, se debe tener presente el factor social. La comunidad debería decidir si un sistema es sustentable o no de acuerdo a la satisfacción de sus necesidades; la reducción de la pobreza y de sus consecuencias sobre la degradación del medio ambiente. Cuando  un sistema, o en este caso un agroecosistema no pueda asegurar los servicios ecológicos, los objetivos económicos y los beneficios sociales, evidentemente ya no será sustentable.

     La agroecología, al considerar los componentes sociales, económicos y ambientales, garantiza el entendimiento de los sistemas agrícolas de manera holística, definiendo marcos socioeconómicos específicos. Define una perspectiva tridimensional de los sistemas agrícolas estableciendo relaciones bidireccionales entre cada factor; ecológico y socioeconómico,  mantiene los recursos naturales, minimiza los impactos en el ambiente, adecua las ganancias económicas, satisface las necesidades humanas y responde a las necesidades sociales de las familias. No sería apresurado inferir entonces que el principio agroecológico que se basa en el manejo holístico del agroecosistema contempla por sí solo a los demás principios. Es totalmente lógico si consideramos que al propiciar un aumento de la biodiversidad del agroecosistema para fomentar mayores sinergias adaptándonos a las condiciones que ofrece el entorno local en pro de balancear el flujo de nutrientes, estamos generando una visión de manejo  evidentemente holística. 

     ¿Pero cómo medir  estos indicadores? En la actualidad se está utilizando una metodología denominada método MESMIS (Marco para la Evaluación de Sistemas de Manejo de recursos naturales mediante Indicadores de Sustentabilidad) el cual permite establecer debilidades y fortalezas a nivel de pequeños predios basado en los indicadores antes mencionados. Sin embargo, se debe tener en cuenta que no es posible estandarizar  un conjunto de indicadores de manera universal. Existen diferencias abismales entre las escalas de análisis que se pudieran interpretar; parcelas, hatos, bioregiones, así como elementos propios de los agroecosistemas, subsistemas presentes, geomorfología, cultura e idiosincrasia del campesino. Esto imposibilita  su generalización.  

     En este aspecto,  Sarandón (2002) establece algunas características que deben cumplir los indicadores:
• Estar estrechamente relacionados con los requisitos de la sustentabilidad.
• Ser adecuados al objetivo perseguido.
• Ser sensibles a un amplio rango de condiciones.
• Tener sensibilidad a los cambios en el tiempo.
• Presentar poca variabilidad natural durante el período de muestreo.
• Tener habilidad predictiva.
• Ser expresados en unidades equivalentes por medio de transformaciones apropiadas. Escalas cualitativas.
• Ser de fácil recolección y uso y confiables.
• No ser sesgados (ser independientes del observador o recolector)
• Ser sencillos de interpretar y no ambiguos.
• Brindar la posibilidad de determinar valores umbrales.
• Ser robustos e integradores (brindar y sintetizar buena información).
• De características universales, pero adaptados a cada condición en particular.

     Queda claro que la transición de la agricultura tradicional hacia una agricultura de base agroecológica es un proceso de internalización y revalorización de principios coherentes de  vida y respeto por todos los elementos bióticos y abióticos que nos rodean, se debe cambiar la visión antropocéntrica con la cual denominamos nuestra relación con el  ambiente como “aprovechamiento de los recursos naturales”. El ser humano es parte fundamental en el sistema mundo, no está fuera de él ni tiene dominio absoluto de sus elementos, sólo ha desarrollado habilidades que le permiten mantenerse en el tiempo. Pero de seguir así, ¿hasta cuando  podrá mantenerse? Si no se genera un cambio en el modelo agrícola, si los diseños productivos siguen siendo extractivos, seguramente el período de subsistencia de la especie humana está por culminar.
Bibliografía
-            Gliessman, 2007. Agroecología: promoviendo una transición hacia la sostenibilidad. http://www.revistaecosistemas.net/articulo.asp?Id=459.

-                 Sarandón, S, 1990. Evaluación De La Sustentabilidad En Agroecosistemas: Una Propuesta Metodológica. Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales. UNLP. Comisión de Investigaciones Científicas, Prov. de Bs Aires


-          Griffon, D. 2008. Lo pequeño es hermoso: Una alternativa para la solución de la crisis agrícola.  http://agroecologiavenezuela.blogspot.com/2008/05/principios-de-la-agroecologa.html

-          Vandermeer, (1995) citado por Altieri, (2007).   Agroecología: principios y estrategias para diseñar sistemas agrarios sustentables. http: // www. virtual. unal. edu.co/cursos/IDEA/2007223/lecciones/lect6/lect6_1.html

-          Martín P,  Basagoiti M, (2001).  La Investigación-Acción Participativa como metodología de mediación e integración socio-comunitaria.

-          Quintero L, Hurtado L, Rango S,(2000) . Evaluación de sostenibilidad en pequeñas unidades de producción agrícola mediante dinámica de sistemas.

-          Altieri M, Nicholls C, (2000). Teoría y práctica para una agricultura sustentable. Serie Textos Básicos para la Formación Ambiental. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente Red de Formación Ambiental para América Latina y el Caribe Boulevard de los Virreyes 155, Colonia Lomas de Virreyes 11000, México D.F., México

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